
Esta es la vivienda de mayor entidad entre las existentes en el barrio, dentro de la humildad general de todas ellas. Es la única que cuenta con una planta superior en su parte construida, en la que se situaban dos habitaciones o alcobas, mientras que su piso inferior tenía dos cuartos, un patio y una parte trasera excavada dividida en dos estancias. Además, contaba en las cercanías con una bodega, una cuadra, un pajar y un pozo o aljibe de lluvia. Otra excepción de esta vivienda es que es la única del barrio que llegó a disponer de luz eléctrica.
En esta (casa) nuestra había una traviesa que era buena, cuando se entraba a la cueva. Estaba tan deteriorada, tan erosionada… (que) mi hermano Jesús pues la arregló. (La casa tenía) dos cuevas, y había muchos conejos, salían los conejos. ¡Si cogíamos los conejos dentro de casa! Hombre n.1933
Su propietaria, que la heredó de su familia, era la conocida significativamente como “la María de San Roque”. A mediados del siglo XX sus habitantes eran el matrimonio compuesto por María Lambán y Valero Pérez, conocido como “el siñó Valero” que había venido de Lacorvilla y era de Casa Rampín. Con ellos vivía Jesús, un hermano de María que murió en África antes de la guerra, la madre de María que pasó bastantes años impedida en la cama, y los cinco hijos del matrimonio: Jesús, Manuel, Pablo, Carmen y Santos.
Todas las casas tenían gallinas. El caso que nosotros las teníamos en el corral, al lao, y mi madre ya las metió dentro casa. Porque se nos las llevaban cuando la guerra. Se nos llevaban hasta la leña. No podías decir nada. Ahora, algunas veces mi padre, que era muy leñero, iba siempre con cargas de leña y a los jóvenes les decía, para asar alguna cosa: pues, oye, vis allí y coger un fajo de leña. Hombre n.1933