
Se trata de una ermita construida el año 1523, tal y como indica la inscripción situada junto a la figura del santo ubicada en su fachada. Arruinada casi por completo a mediados del siglo XX, el año 1976 se restauró sustituyendo completamente la cubierta.
En el rellano situado delante de ella se conservan todavía los últimos restos, en forma de fragmento de fuste acanalado, de una antigua cruz que debió de perderse ya antes de la Guerra Civil de 1936.
En San Roque había otra (cruz), en esa piedra gorda que hay detrás de casa nuestra. Ahí dice que también había una cruz de piedra y no está, la robaron. Ni la hemos conocido nosotros. Está el señal de donde la encajaron allí. Se la llevaron. Mujer n.1938
A esta ermita y a su santo se vinculan numerosos relatos y tradiciones. Cada 16 de agosto se venía en procesión desde Las Pedrosas y, durante la celebración de la misa festiva, se realizaban ruidosas salvas en la puerta. Se recuerda la realización de rogativas de agua en épocas de sequía, y que en su interior se depositaban exvotos en forma de esculturas de cera. También delante de ella, hasta que se perdió el año 1931 (y de nuevo tras su recuperación en 2010) se llevaba a cabo el dance de Las Pedrosas.
Cuando uno se rompía una pierna o le pasaba algo en un brazo, me acuerdo yo que llevaban a la ermita unos brazos del que le pasó esa enfermedad, el que fuera, y una pierna. Ponían un lazo, una cinta, y la tenían allí al lao de San Roque, en el altar. Mujer n.1931
Aunque tal vez la historia más interesante es la de un padre y un hijo forasteros que murieron en Las Pedrosas a causa de una epidemia de peste. En ese momento, los vecinos del pueblo acudieron en procesión hasta la ermita para rogar protección a San Roque. Gracias a ello, según la tradición, la epidemia no llegó a cobrarse ninguna víctima nacida en Las Pedrosas, y las dos personas fallecidas fueron enterradas en un punto del camino a la ermita que en la actualidad resulta irreconocible.